miércoles, 7 de diciembre de 2016

El lastimoso ejemplo de Europa en la acogida de refugiados



Amnistía Internacional, en una nueva investigación llevada a cabo el pasado mes de noviembre a los Centros de Estancia Temporal para inmigrantes en Ceuta y Melilla, denuncia hasta ocho tipo de transgresiones. Se están llevando a cabo expulsiones sumarias en la frontera incluso en ocasiones hasta de gente herida; existe abusos policiales; sobreocupación que en ocasiones ha llevado al hacinamiento; falta de módulos familiares; falta de acceso a información; falta de condiciones adecuadas, especialmente para las víctimas de trata, de violencia de género, personas con discapacidad o personas del colectivo LGBTI.

      "Sobre la una de la tarde llegó la Cruz Roja, pero yo había perdido muchísima sangre", explica Muhamed, de 20 años y procedente de Guinea Conakri, que permaneció encaramado en la segunda valla de Ceuta durante siete horas, con una herida en la muñeca derecha provocada por la concertina. "Veía mi propio nervio, gritaba a la Guardia Civil que estaba herido y les enseñaba mi brazo envuelto en un torniquete con mi camiseta, pero nadie me hacía caso", relata este joven que más tarde tuvo que ser operado y ha perdido movilidad en la mano.
      Es de suponer que el grado de civilización y de espíritu humanitario de una sociedad se mide por la forma como acoge y convive con los diferentes. Sin embargo, bajo este aspecto, Europa nos ofrece un ejemplo tan lastimoso que raya en la barbarie. Solamente el conflicto sirio ha provocado 4 millones de desplazados. Y como dice Salil Shetty, secretario general de Amnistía Internacional, el 86 por ciento de la población refugiada se encuentra en países de ingreso medio y bajo. “El problema no es la cantidad de personas refugiadas que hay en todo el mundo, sino que mucho de los países más ricos son los que menos refugiados acogen y los que menos hacen”.
      Si los países desarrollados asumieran su responsabilidad con voluntad política y espíritu de cooperación, sería posible garantizar a las personas que han tenido que huir de sus hogares un lugar seguro donde rehacer sus vidas. Pero no, la situación actual ofrece la cara opuesta, gran parte del mundo rico se empeña en mantener a las personas refugiadas “fuera” con barreras, blindando fronteras, incluso con muros y vallas o pagando a los países de origen y tránsito para “externalizar” allí los controles migratorios. Sobran ejemplos: ahí tenemos al gobierno filofascista de Viktor Orbán de Hungría que ha declarado la guerra a los refugiados tomando una medida perversa e inhumana como ha sido construir una cerca de alambre de púas de cuatro metros de altura a lo largo de toda la frontera con Serbia, para impedir la llegada de los que vienen del Medio Oriente. Eso sí, Hungría busca trabajadores extranjeros, por supuesto, pero blancos y cristianos. De la misma manera, los gobiernos de Eslovaquia y de Polonia han declarado que solamente aceptarían a refugiados cristianos.
     Otro ejemplo sería la Operación Fronteras Soberanas de Australia que intenta impedir militarmente la entrada de personas a bordo de embarcaciones aunque sean refugiados o solicitantes de asilo. Los que consiguen entrar acaban recluidos en condiciones deplorables en centros ubicados en otros países, bajo gestión australiana. La estrategia de pactos oscuros, o mejor dicho ilegales, de la Unión Europea con países como Turquía, Libia y Sudán, trata de “alejar” el problema aunque con ello se esté exacerbando los malos tratos generalizados y la detención indefinida en terribles condiciones que sufren miles de personas refugiadas y migrantes.
      Solo en este año cruzaron el Mediterráneo cerca de 300.000 personas entre migrantes y refugiados buscando un poco de paz en Europa. Pero la acogida que les brinda una gran parte de esta “benefactora” Europa cuyo mayor límite de la cultura es su arrogancia, la pretensión de ser la más elevada del mundo, la de tener la mejor forma de gobierno, la mejor conciencia de los derechos, la creadora de la filosofía y de la tecnociencia y, como si eso no bastase, la portadora de la única religión verdadera: el cristianismo; es una acogida tan cargada de mala voluntad e insensibilidad, que incita a la población de ideologías fascistoides y xenófobas a violentas manifestaciones.
      El próximo 6 de febrero se cumplirá dos años de la muerte en el mar de quince jóvenes en la playa de El Tarajal. Ahí están las imágenes de la controvertida intervención de la Guardia Civil. Y ahí está también la falta de resolución. La juez considera que los inmigrantes “asumieron el riesgo y que las “devoluciones en caliente” eran prácticas impuesta por el Ministerio.
      Me pregunto: ¿acaso los derechos humanos tienen frontera? ¿Acaso estas personas refugiadas y emigrantes que por diversos motivos se encuentran en situación muy vulnerables y necesitan una reubicación urgente no son seres humanos también? ¡Cuántos derechos humanos han sido acuchillados con vergonzosas vallas en las fronteras! ¡Cuántos niños han quedado ahogados para siempre en las costas del Mediterráneo!
      Posiblemente algún día la historia juzgará duramente a los Estados Miembros de la Unión Europea por esta pésima gestión que se está llevando a cabo con la crisis de refugiados.
      Promovamos el derecho de las personas a la libre movilidad como establece la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Levantemos nuestras voces por un mundo compartido, sin muro. Un mundo digno para la humanidad.

       Maite García  Romero
      

miércoles, 9 de marzo de 2016

DEL ANIMAL POLÍTICO AL SER HUMANO




"Agradeceré busquen siempre las cosas que les unen y dialoguen con serenidad y espíritu de justicia sobre aquellas que les separan, dijo Adolfo Suárez en agosto de 1969. Y en 1976, momento en que la sociedad española requería consenso entre los recién surgidos partidos políticos que debían redactar una Constitución, afirmó: Pertenezco por convicción y talante a una mayoría de ciudadanos que desea hablar un lenguaje moderado,  de concordia y conciliación”.


Ha transcurrido 40 años de aquello. El pasado día 2 de marzo sentada ante el televisor contemplaba el debate de la sesión de investidura de Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados. ¡Qué bochornoso espectáculo, que pésima imagen dieron nuestros políticos! Nadie escuchaba a nadie, no hubo diálogo, no existió un mínimo acuerdo. Como niños mal criados todo se redujo al “tú más” y al interminable machaconeo de pactar o no pactar: ¿Pactáis con nosotros? Vale, pero no pactéis con aquellos. ¿Y si pactamos con estos? No, ya han pactado con aquel. Yo con vosotros pactaría. Lo siento, no puede ser… En definitiva, inquina, controversia, desprecio, pugnas y el constante toma y daca de los pactos. Actitudes infantiles impropias de personas que tienen altas responsabilidades políticas, cuyo único empeño no debería ser otro que servir al bien social, al bien del país mirando al futuro, a la superación de esta crisis global –si es que se puede llamar crisis a este nuevo modelo social de subsistencia.


A nuestros políticos se les llena la boca con eso de: “los españoles quieren”, “los españoles nos piden”  Pero yo les pregunto: ¿En realidad tenéis idea de lo que queremos los españoles? ¿Prestáis siquiera un mínimo de atención en escuchar lo que la sociedad os está pidiendo? Estáis tan ofuscado los unos por alcanzar el poder y los otros por seguir aferrados a él, que se os olvida o no queréis acordaros (que va a ser eso) que la base, la raíz misma de la política no es otra que la búsqueda del bienestar social, pues vosotros estáis a nuestro servicio, no lo olvidéis. Nosotros os pagamos el sueldo.


Los resultados de vuestras reformas están a la vista: los bancos han recuperado la liquidez sobre un país desestabilizado y el paro ha disminuido gracias a un nuevo tipo de contrato basura. Si antes era todo por la patria ahora es todo por los bancos, ¡pero claro! a costa de empobrecer y endeudar a todo un país. Vivimos amparados –o más bien desamparados– por un demencial sistema financiero que se roba a sí mismo y que sólo castiga al pequeño infractor.

La proliferación de la corrupción política de nuestro país está alcanzando cotas verdaderamente escandalosas, que sin duda han puesto en jaque la reputación de la vieja clase política. En Madrid, por ejemplo, se juntan varias tramas de corrupción, también presente en Valencia que afectan al PP como son la Gürtel, los papeles de Bárcenas y la Operación Púnica. Por otro lado el caso de los ERES falsos en Andalucía (sin olvidar la operación Malaya). Las tramas de Palma Arena y Nóos, cuyos implicados más relevantes son la continua comidilla de los noticiarios: el presidente balear Jaume Matas, el exduque de Palma, Iñaki Urdangarin y la Infanta Cristina. Así como la gran corrupción de la familia Pujol-Ferrusola. Y eso sin tener en cuenta que todo lo que se ha descubierto sobre corrupción no es más que la punta del iceberg según los expertos. Este tsunami de corruptelas ha golpeado de tal manera la imagen de la clase política, que en solo unos meses se ha llegado a la total desconfianza y  desafección de los ciudadanos hacia nuestros gobernantes.
¿Qué credibilidad puede tener uno de estos políticos cuando repetidamente insta a sus ciudadanos a pagar religiosamente sus impuestos en tanto ellos mismos hacen la vista gorda ante sus amiguetes de partido? Como seres sociales que somos, dotados de raciocinio, es nuestra responsabilidad contribuir a un mundo más justo y equilibrado. El acaparamiento individual y la evasión de impuestos es propio de la mentalidad animal, que sólo vive para rivalizar, para saciar sus necesidades físicas e instintos territoriales, incapaz de profundizar hacia una percepción más amplia y constructiva de la existencia, de proyectarse a un nivel de conciencia superior donde predominan sentimientos mucho más desarrollados como la empatía, el afán de colaboración, el deseo de superación, y en definitiva, el respeto a los derechos humanos.
                                                             Maite García Romero



viernes, 24 de julio de 2015

QUE SE PROTEJAN TODOS LOS DERECHOS POR IGUAL


Creo que poner las cuestiones económicas y financieras por delante de las personas y sus derechos, como se viene haciendo, es algo completamente inmoral. Los derechos humanos no pueden estar condicionados por las dispuestas partidistas carentes de ninguna aptitud de miras. Si deseamos un mundo en paz, socialmente justo y económicamente sostenible y respetuoso con el medio ambiente propongo, como otras muchas personas así como Amnistía Internacional, Greenpeace y Oxfam Intermón, que se reforme la Constitución de manera que se protejan todos los derechos por igual, sin clases ni jerarquías para todas las personas.

La Constitución Española, y en particular su artículo 53, establecen un tratamiento y protección desigual e insuficiente de los derechos humanos, creando derechos de “primera” y de “segunda”, cuyas consecuencias recaen sobre la población, principalmente la más vulnerable, que se ve sometida a la falta de acceso a la vivienda, a la salud o a la degradación ambiental, sin poder reclamar estos derechos ante los tribunales.

Creo que después de 37 años de andadura va siendo hora de que la Constitución pueda fortalecer su capacidad como herramienta de protección de los derechos humanos, así como el derecho fundamental de la preservación del ecosistema y el derecho a la protección de la salud de todas las personas. Y esto es, por lógica, exigible directamente ante los tribunales.


                                                       Maite García Romero

domingo, 14 de junio de 2015

LA IGLESIA SOMOS TODOS

Intento entender los motivos, la particularidad que existe detrás de cada circunstancia, de cada acto, suceso o finalidad, sin enjuiciar, sin querer poner nombre, pasando más allá del concepto y de mi propio criterio, pero hay hechos en los que me cuesta. No puedo. Hace días me entero a través de los medios que el Cardenal Rouco Varela, expresidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), había llamado personalmente por teléfono a varios prelados españoles para disuadirlos de asistir el 24 de mayo a la beatificación del arzobispo salvadoreño, Oscar Arnulfo Romero, por considerar que se trataba de "una beatificación política" [es curioso que ante las masivas beatificaciones de religiosos fallecidos durante la guerra civil española que se ha venido produciendo, la última y más numerosa organizada por la CEE en Tarragona el 13 de octubre de 2013, en la que 522 religiosos del bando franquista fueron elevados a los altares, no las considerase de igual manera política, siendo tan selectivas y de un contenido ideológico tan evidente, ¿por qué?] Las presiones de Rouco surten efecto y se acata con la debida sumisión la orden. La única representación oficial del episcopado la ostentaría el secretario general, José María Gil.

El arzobispo Romero es un emblema. Un símbolo de la Iglesia altruista que apuesta por los pobres y da la vida por ellos (como literalmente la dio El 24 de marzo de 1980, cuando un francotirador de la extrema derecha salvadoreña lo asesinaba de un disparo en el corazón). "Yo estaba ciego. Estaba con los ricos. Me había olvidado que el evangelio nos pide estar al lado de los pobres", dijo Romero en una entrevista poco antes de ser asesinado. Después llegaría la masacre de Ellacuría y sus compañeros jesuitas, ante el silencio del Vaticano. Él encarnó y sigue encarnando como nadie, esa otra forma de ser Iglesia, arraigada en el Evangelio, en la justicia, en los Derechos Humanos.

Decía el pasado 14 de abril, Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Plasencia durante la presentación de la instrucción pastoral sobre los catecismos del episcopado, titulada: “Custodiar, alimentar y promover la memoria de Jesucristo”, que en la sociedad occidental se está observando un incremento del "agnosticismo e indiferencia religiosa". Que "vivir la fe hoy es difícil y nos cuesta mucho, entre otras cosas, porque “a veces falla la transmisión de la fe en la familia”. Por su parte, el director del secretariado de la Subcomisión Episcopal de Catequesis, Juan Luis Martín Barrios, se preguntó "qué aporta la fe al hombre de hoy" para responder que "ayuda a vivir unificados frente a tanta dispersión; a vivir con hondura frente a tanta superficialidad y frivolidad; y a servir a los demás frente a tanto individualismo". Ante estas palabras me pregunté si la Conferencia Episcopal Española considera que ha sido y es consecuente con su cometido de “Custodiar, alimentar y promover la memoria de Jesucristo”, porque ¿en verdad cree este prelado que es en la familia donde falla la transmisión de la fe? ¿No se ha parado a pensar si ese incremento del "agnosticismo e indiferencia religiosa" no sea el resultado del incumplimiento cristiano que muestra una gran parte de la Iglesia? Si según el sacerdote Juan Luis Martín la fe aporta al hombre de hoy “ayuda para vivir unificados frente a tanta dispersión; vivir con hondura frente a tanta superficialidad y servir a los demás frente a tanto individualismo", ¿cómo se concibe que el cardenal Antonio María Rouco Varela expresidente de la CEE, esté dando un ejemplo tan escandaloso y patético al instalarse en ese súper ático de 370 m2, valorado en 1.200.000 euros y cuya reforma ha costado más de 400.000 euros a la diócesis madrileña?  ¿No es  un  escándalo para tantas familias golpeadas por la crisis? ¿No es un gesto demasiado alejado de la "Iglesia pobre y para los pobres" que predica el papa Francisco? Es increíble. No se puede entender este proceder, como tampoco la reacción que han tenido los obispos que lo han visto normal y lo han justificado.

No cabe la menor duda que especialmente desde que estalló la crisis económica, somos testigos de un movimiento extraordinario de generosidad y entrega por parte de muchos religiosos y seglares, dignos de tener en cuenta. Ahora bien, si estas personas están ofreciendo lo mejor de sus vidas para atender a quienes más sufren las consecuencias de la crisis, no se puede decir lo mismo de la Jerarquía de la Iglesia Católica Española. Una jerarquía fuera de honda, que lo único que le inquieta, al parecer, es el alejamiento de una sociedad que vive cambios culturales significativos. Esta brecha suelen justificarla, como siempre, echando mano de la pérdida de la fe, el relativismo moral y la degradación de las costumbres, cuando la realidad es que, en lo único que la CEE ha puesto énfasis ante el grave sufrimiento que aflige a tantas personas causado por la pobreza y la exclusión social, ha sido en justificar las políticas de recortes recomendando paciencia y comprensión. En ningún momento han hablado de justicia ni han sido capaces de posicionarse públicamente en contra de ese cruel atentado que es retirar de la sanidad a los inmigrantes ni han hecho ninguna llamada a la honestidad de los políticos, con todos los corruptos que están saliendo.
No dudo que la CEE tiene el deber de opinar de lo que nos atañe, es lógico. Pero que sólo opinen de lo que pasa de cintura para abajo: es completamente ilógico. Y los primeros traicionados por esta actitud de una jerarquía sorda a la realidad de un gran sector de la sociedad son, por supuesto, las organizaciones religiosas que trabajan cada día en las trincheras contra la exclusión social: inmigrantes, hambrientos, desahuciados, sin techo y enfermos. ¿Que son parte de la misma Iglesia? Sí. Que habitan universos paralelos, es evidente.
La imagen de una jerarquía eclesiástica estancada, avariciosa y prepotente, que se ha jactado siempre de ser mediadora entre el poder y la población; olvidando los votos de pobreza; ya no tiene lugar de ser en estos tiempos que corren. Creo que es fundamental que todos, seglares y religiosos, intentemos promover el diálogo si deseamos una Iglesia más cercana y un mundo mucho más humanitario y pacífico. Espero, que si la Conferencia Episcopal Española ha representado las opciones más reaccionarias de defensa de sus privilegios de poder político y sobre las conciencias, que ahora los nuevos dirigentes tiendan puentes de diálogos con las comunidades de base, movimientos apostólicos, de mujeres, de solidaridad, asociaciones de teólogos y teólogas, etc. Que apoyen la reforma de la Iglesia del papa Francisco; que caminen a su ritmo, que la apliquen a la realidad de los desafíos que plantea hoy la sociedad, acogiendo a todos los sectores que son excluidos: inmigrantes, homosexuales, transexuales, parejas de hecho, personas divorciadas y vueltas a casar, religiosos y religiosas en círculos públicos, etc. Como dice Francisco: La Iglesia somos todos.
Y todos tenemos el derecho a ser escuchado.                                                                           
                                                                        Maite García Romero



martes, 20 de mayo de 2014

Necesitamos personas como tú

lQuiero dirigirme a ti, te necesitamos. Necesitamos personas como tú dispuesta a defender la justicia y la libertad. Personas como tú que piensen que los derechos humanos están por encima de todo, que quieran aportar lo que saben, que quieran construir un mundo diferente.  Por todo ello, te digo: únete a Amnistía Internacional Andalucía. Únete a nuestro movimiento y ayuda a poner fin a tantos abusos de derechos humanos como se están cometiendo.
Amnistía Internacional, Premio Nobel de la Paz y Premio de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, presente hoy en 150 países, ha ido creciendo desde 1961 en que fue fundada por Peter Benenson, como movimiento por la defensa de los derechos humanos cuyo foco de atención se ha ido ampliando a víctimas de la tortura, las desapariciones forzadas y la pena de muerte.
El mundo necesita gente dispuesta a marcar la diferencia, pero ¡ojo! no hablamos de superhéroes, hablamos de ti. No es necesario tener mucho tiempo ni grandes conocimientos. No importa la edad que tengas ni en qué lugar vivas o si estudias o trabajas. Importa, esos sí, tener ganas y entusiasmo para defender la justicia y la libertad. Ser activista es sencillo, hay mil maneras diferentes de participar.
La labor de Amnistía Internacional se centra en combatir los abusos graves contra los derechos humanos a través de la investigación y el activismo, pero ¿cómo?
Investigamos violaciones de derechos humanos en todo el mundo, de manera independiente e imparcial, tanto situaciones generalizadas como casos concretos.
Hacemos públicos los resultados de nuestras investigaciones y dirigimos recomendaciones a quienes pueden poner fin a los abusos y reparar a las víctimas.
Nos dirigimos a los Gobiernos, a las organizaciones intergubernamentales, a los grupos armados y a las empresas, entre otros, y les pedimos que rindan cuentas.

Movilizamos a la opinión pública para presionar a los Gobiernos y a otros responsables para prevenir o detener violaciones de los derechos humanos.

Protegemos directamente a defensores y defensoras de derechos humanos, ayudando a  quienes están en peligro inminente y les resulta imposible continuar trabajando en su país.

Los activistas de Amnistía Internacional siempre han estado muy presentes en la calle organizando actos públicos para invitar a los ciudadanos a tomar partido por los derechos humanos. Y ahora que Internet se ha convertido en un poderoso instrumento de comunicación y de acción, proponemos en nuestro sitio web un gran número de ciberacciones en las que participan miles de personas.
  
Amnistía Internacional da mucha importancia a la educación en derechos humanos como estrategia para prevenir futuras violaciones y abusos. Por lo cual, promovemos actividades así como la creación de grupos de activistas en las escuelas y participamos en programas de formación en derechos humanos de los cuerpos de seguridad del Estado y de otros colectivos.

Hablar de derechos humanos en un mundo globalizado parece utopía. Lógico El sistema injusto inequitativo y excluyente que rige en nuestra sociedad, está violando permanentemente los más elementales derechos del ser humano: el derecho a una vida digna, a una alimentación adecuada, a una salud integral o el derecho a la educación, entre otros. Pero a pesar de ello, te digo:
El mundo puede cambiar, pero no va a cambiar solo.

                                 Maite García Romero



Gabinete de Prensa de la Sección Española de Amnistía Internacional Andalucía
Maite García Romero
Telf., 639917132 o  674074802

activismo.andalucia@es.amnesty.org

viernes, 21 de febrero de 2014

BIENVENIDOS A EUROPA

  La Declaración Universal de Derechos Humanos debería ser mínimamente respetada con todas las  personas, sin distinción de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole. Sin embargo es vulnerada sistemática y miserablemente por la mayoría de los países del primer mundo. Es terrible, infame que en veinte años las fronteras del sur de Europa se hayan cobrado la vida de más de 20.000 jóvenes mientras otros mundos sin fronteras dan paso a los ricos y sus capitales.
        Las políticas de represión criminal en las fronteras de Ceuta y Melilla han provocado en los últimos días, como es sabido, la muerte de 15 personas. Los numerosos intentos de saltar las vallas de Ceuta y Melilla nos da una idea de la desesperación de personas que intentan llegar a Europa en la búsqueda de una vida más digna, y también nos da una idea de la crueldad e inhumanidad de gobernantes que ponen en marcha cuchillas en esas vallas para herir intencionadamente a quienes traten de atravesarlas o que disparen pelotas de goma o utilicen cartuchos de fogueo o botes de humo contra los inmigrantes que intentan cruzar la frontera a nado. La mayoría de estas personas que intentaban llegar a Ceuta a nado desde Tánger eran de Camerún y ninguno superaba los 26 años. Tras esta tragedia, calificada por la vicepresidenta del Gobierno Sáenz de Santamaría como “un incidente en la aplicación de la Ley de extranjería”, el pasado día 13 el Ministro del Interior Jorge Fernández Díaz hace las primeras declaraciones cínicas para disfrazar las muertes de los inmigrantes, con frases como: “Mostraban una inusitada actitud violenta  (¿venían a grito de guerra portando fusiles, granadas y bazocas?)… La mayoría jóvenes de complexión atlética… (ah, por eso se utilizó el “último recurso” reservado para acciones violentas, claro, para disuadir a esos jóvenes atléticos de que no alcanzaran la playa, de que no se empeñaran en seguir viviendo)...  Se actuó con proporcionalidad y respetando derechos fundamentales… (ya, sólo se ahogaron los que no supieron esquivar las pelotas)… Estaban en aguas de Marruecos (¿desde cuándo la playa ceutí del Tarajal pertenece a Marruecos?)Murieron ahogados sin signos de violencia (es decir, que murieron plácidamente ahogados bajo una lluvia de pelotas amorosas)…” Y después de la serie de versiones rehechas, contradictorias y reconstruidas le sigue, el pasado día 18 en un acto organizado por la “Razón”, distintas declaraciones oficiales, contradictorias, grotescas y ridículas como: “España es un país seguro…” (que se lo digan a los que se quedan en la calle o se han suicidado por no poder hacer frente a la hipoteca; a los enfermos y ancianos que se han quedado sin la ayuda a la dependencia, a los que se quedan literalmente a dos velas por no poder pagar la luz; a los que no tienen derecho a la sanidad simplemente por no tener papeles; a los que, por miedo a quedarse sin empleo, trabajan 10 o 12 horas diarias y sólo cotizan 3 o 4; y por supuesto a los que vienen buscando una vida mejor y sólo encuentran la muerte) etc. “Las fuerzas de seguridad seguirán actuando como siempre de acuerdo con la legalidad, el respeto a los derechos humanos, y asegurando la custodia de las fronteras (esto es un ejemplo perfecto de eufemismo). Tras estas declaraciones el sempiterno juego PP-PSOE del “tú más”, arrojándose los muertos a la cara.
        La ambición de este sistema basado en el monopolio de riqueza y en la exclusión no tiene límites. Si se puede hacer la vida más difícil al inmigrante, mejor. Que se largue, que comprenda por las malas que aquí no tiene sitio. Pero ¡ojo!, no hay cuchillas que frenen el ansia de vivir. No hay cuchillas que puedan intimidar más que el hambre y la miseria. Y esto lo sabe bien Isidoro Macías Martín, el popular franciscano de la Orden de la Cruz Blanca, más conocido como “Padre Patera” el único español que figura entre los 22 ciudadanos europeos considerados "héroes" de la solidaridad y el trabajo desinteresado en favor de la sociedad, por la edición europea del semanario estadounidense Time. Macías no necesita presentación. Su perfil humanitario por rescatar de las aguas del Estrecho a los inmigrantes que llegan a España por mar desde 1990; su línea de acción y ejemplaridad, su labor de acogida y entrega hacia las personas en situación de desarraigo, principalmente mujeres africanas embarazadas o con niños pequeños,  así como sus continuos viajes para impartir charlas y conferencias invocando la paz, la justicia y la solidaridad. Si para Macías hay algo que está claro es que la persona está por encima de la ley. En recientes declaraciones a Servimedia ha dicho: "Esto de Ceuta pasará a la historia, con diez o quince muertos, y no se pondrá remedio. Está pasando cada cierto tiempo y no se está haciendo nada". Por ello, exigió a los políticos que "salgan de la madriguera y vean cómo están las personas. Y la gente pasando hambre y ellos viendo papeles en la oficina". Por cierto, el Gobierno le ha retirado las ayudas que recibía para atender a inmigrantes en Algeciras. “Inmigración me ha quitado las ayudas porque dicen que no llego al número mínimo y que lo que estoy haciendo es ilegal. Si viniera Jesucristo ¿no lo haría igual que yo, aunque sean de otra religión?”
        Me cuesta entender la actitud que muestra la Conferencia Episcopal Española. Esta jerarquía tan patológicamente obsesionada por las  cuestiones que afectan a la moral sexual tal como ellos la conciben y la proponen, que defienden a capa y espada la vida del no-nacido, y sin embargo permanece impasible o se expresa con una ambigüedad neutral ante una tragedia como esta.
«Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4, 16). Estas palabras de la primera carta del apóstol san Juan, expresan con claridad meridiana el corazón de la fe cristiana.
                                             
                                                      Maite García Romero

domingo, 17 de noviembre de 2013

POR UN MUNDO SIN MURO

Aquí tenemos otra medida perversa e inhumana: El Ministerio del Interior reintroduce las cuchillas en la verja de Melilla. Desde que el pasado 31 de octubre leí esta noticia no he dejado de pensar en ello. Al parecer, la presión migratoria sobre Melilla y en menor medida sobre Ceuta, ha incitado a Interior a tomar unas medidas disuasoria que el anterior presidente José Luís Rodríguez Zapatero se comprometió a quitar en 2006 después de haber ordenado su colocación un año antes. Debido a los profundos cortes, infecciones e incluso algunas muertes que provocaron en los subsaharianos que trataban de entrar en la ciudad autónoma escalando la verja, y a las protestas de ONG españolas e internacionales, en 2007 las lesivas cuchillas tuvieron que ser eliminadas. Ahora, seis años después, la Delegación del Gobierno del PP anuncia el inicio de las obras en la frontera: en el plazo aproximado de un mes se habrá aplicado de nuevo el mismo procedimiento infame, salvaje y xenófobo de la reintroducción de cuchillas en el perímetro de Ceuta y Melilla. ¡Vergonzoso! Usar esas concertinas o cuchillas, para semejante fin es de una crueldad que no tiene nombre. Una auténtica salvajada propia de seres sin escrúpulos, sin empatía y sin muestra alguna de amor al prójimo. Como española me avergüenza formar parte de una nación que es capaz de usar estas técnicas maquiavélicas para hacer sufrir a otros seres humanos.

        Si actualmente es del todo ilegal la cacería (o defender la propiedad privada y el ganado) con métodos dolorosos como cepos o trampas tenazas ¿cómo es posible que se utilicen con seres humanos métodos igualmente dolorosos como son las cuchillas camufladas? ¿Qué medidas serán las siguientes? ¿Vallas de alto voltaje? ¿Francotiradores? Con qué estupor nos contemplarán las futuras generaciones cuando miren hacia atrás.

        Las organizaciones con responsabilidades de control de fronteras han de ejercer sus funciones, me diréis. De acuerdo. Pero deberían de ejercerla con plena garantía de los derechos humanos. Si la causa de los flujos migratorios es el hambre y la desesperación por tener una vida mínimamente digna en el país de origen ¿no es de lógica que busquen otra salida? ¿No es eso lo que a través de la historia se ha venido haciendo en todos los países y continentes de este planeta? En sus intentos por lograr una vida mejor no sólo se ven enfrentados a éste primer mundo despiadado sino a las mafias que se dedican a organizar los viajes clandestinos y que trafican con sus deseos y sueños cobrándoles abusivas sumas de dinero y sometiéndolos a transportes que comportan un riesgo enorme. Y me pregunto: ¿es la solución a éste drama la doble verja que rodea Melilla, la alambrada encubriendo cuchillas o la posterior devolución a los países de los que huyen  despavoridos de las hambrunas y demás calamidades? ¿Creen los políticos que elevando la verja y camuflando cuchillas se acaba con el problema? ¡Qué ilusos! Invierten unos 30 millones de euros politica.elpais.com  en la instalación y elevación de la verja de tres a seis metros, más lo que inviertan ahora con la reintroducción de las cuchillas, y según el proyecto de Presupuestos Generales del Estado, en 2014 la política de cooperación al desarrollo volverá a sufrir un nuevo recorte por la crisis. ¿Tiene lógica? ¿Es que no entienden que mientras persista el subdesarrollo extremo y la enorme brecha entre los países ricos y los países pobres, estas personas seguirán arriesgando sus vidas a cambio de una posibilidad, entre miles, de poder cambiar su situación?

        El pasado 3 de octubre nos impactó profundamente el terrible naufragio de Lampedusa. Un barco con unas quinientas personas procedentes de Eritrea y Somalia  que naufragó ante la costa de la isla italiana de Lampedusa. Entre muertos y desaparecidos, unas trescientas cincuenta personas. Lo más terrible y denigrante, que algunos barcos de pescadores oyeron gritos de auxilio y lo ignoraron por miedo a ser castigados por la actual legislación italiana aprobada en 2008. El viernes por la tarde, solemnemente, el primer ministro de Italia, Enrico Letta, anunciaba que todos los fallecidos en el naufragio tendrán derecho a “funerales de Estado” y recibirían la nacionalidad Italia. Y justo, a la misma hora, la fiscalía de Agrigento (Sicilia) acusaba a los 114 adultos rescatados de un delito de inmigración clandestina, que pude ser castigado con una multa de hasta 5.000 euros y la expulsión del país. ¡Es inaudito! ¿Puede existir mayor hipocresía? ¡Dios qué  falta de coherencia y de lógica! Qué vergüenza de la Europa que deja morir en el mar a los que huyen de la guerra o el hambre. Este hecho me confirma sin lugar a duda, que vivimos en un mundo de inconscientes; en un mundo desmedido de necios y mentecatos

        El problema de la inmigración que hoy es inevitable y que en un futuro próximo no hará sino crecer, no podemos ni debemos verlo cruzados de brazos. Tenemos que hacer oír nuestra voz de denuncia ante tantas injusticias como se están cometiendo; actuar activamente para que nuestro país y la Unión Europea no aflojen su política de cooperación al desarrollo ni su política integral hacia África; seguir promoviendo la integración y plena ciudadanía de los recién llegados, y reclamar la recuperación del derecho a la asistencia sanitaria a toda persona, con independencia de su situación administrativa. No podemos ni debemos permitir que mueran personas por falta de asistencia médica como ha sido el caso de Piotr Piskozub, un ciudadano polaco que tenía solo 23 años y que falleció víctima de una situación de no acceso a sus derechos humanos cuando hacía cola para recibir el almuerzo en un albergue de Sevilla. Piort había pasado la noche en el Servicio de Urgencias con una importante dolencia, y no se le dejó ingresado. Varias horas después Piotr fallecía aquejado de una neumonía, según reveló la autopsia. El cuerpo de Piotr pesaba 30 kilos al morir. ¿Cómo es posible que en una sociedad llamada democrática en sólo dos años se deteriorase tanto la salud de éste joven? ¿Dónde estaba la protección y el soporte de la administración pública? Piotr vino a éste país en busca de una vida mejor y se encontró con la muerte. Una muerte política, una muerte que se podía haber evitado. En principio los periódicos no le ponen nombre, es un “indigente”. Y este término nos descarga de responsabilidad y pasamos página. Si esta sociedad se mide en cómo trata a sus más desfavorecidos, me pregunto: ¿qué clase de sociedad estamos construyendo?

        Promovamos el derecho de las personas a la libre movilidad como establece la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y levantemos nuestras voces por un mundo compartido, sin muro. Un mundo digno para la humanidad.

                                                          Maite García Romero